Al despertar me di cuenta que mi regalo no se había despegado de mí, estaba aún dentro de mi cuerpo, el muy hábil había logrado irse abriendo paso y ahora estaba metido hasta el fondo

Cuando terminé de quitar la envoltura, abrí la caja y me sorprendí al encontrar aquel objeto que nunca me imaginé que fuera el regalo que mi amiga Alejandra me regalaría. A ella la había conocido en la tienda de mi padrino, donde estaba trabajando mientras duraban mis vacaciones de verano. Alejandra es sobrina de mi tía Amelia, y tenía 21 años, tres más que yo, y a pesar de la diferencia de edad nos frecuentábamos mucho.

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